LA NEGACIÓN DE LA MATERNIDAD




Chile se constituyó como el tercer país del orbe con menor tasa de fecundidad a nivel mundial. Esto no es al azar, es un golpe de realidad. Existen una multiplicidad de factores que dan cuenta de la precariedad de las condiciones actuales para tener hijos e hijas; falta de redes, alza en el costo de la vida, despreocupación de muchos padres por garantizar una crianza responsable, sólo por nombrar algunos. En definitiva, cada vez más mujeres cuestionan la maternidad en las condiciones actuales ante la falta de apoyo afectando su salud mental, emocional, economía e integridad. Hecho que repercute a la hora de decidir si ser o no ser madres.

Esto no es nuevo. En el siglo XIX se acuñó la frase *“Chile, país de huachos” que definía una profunda herida de la identidad chilena haciendo referencia a la masiva ilegitimidad, abandono paterno y orfandad que marcó la población popular de aquel entonces. Algunas de esas dinámicas parecen persistir hasta hoy. Nuestro prócer de la patria, Bernardo O´Higgins fue uno de ellos.

Como para entender un poco este fenómeno en la actualidad, desde un punto de vista sociohistórico, quiero abordar algunos puntos. Hace un par de décadas el rol de las mujeres estaba supeditado a dar valor a las que se casaban y tenían hijos/as. Existía una presión social enorme que nos hacían creer que ser madres y esposas era el único camino por recorrer. Se romantizaba e idealizaba el hecho de formar una familia. La base de la sociedad decía la Iglesia. Por supuesto que debía ser entre un hombre y una mujer.

La estructura familiar tradicional, entre los años 40s y 70s, estaba profundamente marcada por el machismo. Nuestras abuelas, por ejemplo, no tenían opciones más que hacerse responsables del hogar y la crianza. Obedecían al mandato, no podían elegir, ni siquiera decidir si querían más hijos/as. Las familias eran numerosas, entre 5 a 8 hijos/as en promedio. El hombre imponía, nuestros derechos reproductivos eran vulnerados. Sin embargo, estaba todo normalizado, la violencia intrafamiliar, la infidelidad, todo se mantenía en silencio.

En los años 80s la inserción laboral femenina comenzó a aumentar incrementando su poder adquisitivo rompiendo el esquema tradicional familiar. En este punto muchas mujeres casadas decidieron separarse. La violencia económica era recurrente.

Separarse, en aquel entonces, era un escándalo ¿Quiénes eran las culpables? Por supuesto nosotras. Entonces se abre un nuevo escenario, mujeres separadas y solteras trabajadoras en empleos precarios, solas a cargo de sus hijos e hijas porque se entendía que criar era algo inherente a la naturaleza femenina. En este punto se abrió el flanco de que muchos hombres encontraron la oportunidad de desentenderse pues la mujer podía además de criar, “proveer”. Estas mujeres son nuestras madres.

Considero que este hecho es preponderante debido a que las mujeres en edad de gestación no quieren repetir el patrón porque asocian maternidad con sacrificio. No quieren vivir la realidad de sus madres y abuelas buscando sanar heridas generacionales. En Chile existen cerca de 1,8 millones de hogares monoparentales para ser exacta.

Ahora, en el contexto de una madre soltera o “sola” hablemos del mercado laboral actual. En Chile no existen políticas serias en torno a la conciliación trabajo – familia, menos de cuidados. Llevar a un hijo/a al doctor, ir a los actos del colegio, socorrerlos/as cuando tienen un accidente, entre otros, es pedir “un favor”. Por supuesto esto nos pone en desventaja, pues la competitividad en ciertos trabajos es altísima dando a entender que nuestro nivel de productividad es inferior al de un hombre.

La doble presencia atormenta a millones de mujeres que no cuentan con redes de apoyo. El Estado tampoco garantiza cuidados. En el congreso la disputa por la “sala cuna universal” es una batalla. Además, cabe señalar que en este país las mujeres siguen ganando en promedio entre un 17 y 24 por ciento menos que los hombres. Esta brecha es una de las más altas de Latinoamérica.  Si hablamos de cifras, la manutención de un hijo/a oscila entre los $300 y $700 mil pesos mensuales, uno de los costos de vida más elevados de la región.

Sumemos la recarga doméstica ya que los hijos/as requieren cuidados. Cocinar, lavar, hacer tareas, demandas de todo tipo. Ni hablar de las madres que tienen hijos/as TEA o con alguna enfermedad crónica. Todo se pone cuesta arriba. El panorama es bastante desalentador.

Uno de los puntos más críticos es el rol paterno y la corresponsabilidad. No podemos negar que en Chile la cifra de deudores de pensión alimentos es altísima, tanto así que existe un Registro Nacional que sanciona a los padres que incumplen. Dato mata relato.

Esto es preocupante pues los deudores no cumplen con lo mínimo. Para qué exigirles presencia, menos cariño provocando sufrimiento en niños/as dañando su salud mental y emocional. No existe corresponsabilidad ni empatía. Esto, además de generar un empobrecimiento en las mujeres, conlleva un desgaste emocional en las madres, ya que son testigo de los traumas que el abandono ocasiona. Las heridas que dejan son profundas.

Pues bien, algunos hombres han entendido esto. Muchos tampoco quieren ser padres. La vasectomía ha experimentado un aumento histórico con un incremento del 887% según datos del Minsal. El grupo objetivo que más lo practica son jóvenes menores de 30, incluso sin hijos/as, en concordancia a su responsabilidad reproductiva para así evitar que sus parejas sufran las consecuencias de tratamientos anticonceptivos. 

En conclusión, la baja tasa de fecundidad en Chile no es algo negativo sino reflejo de una sociedad que se hace responsable y consciente de las vicisitudes que conlleva ser padres. Tener hijos/as de manera consensuada, asumir los roles de manera equitativa, criar de forma amorosa, construir una familia sólida garantiza una sociedad más sana y niños/as más felices. 

Una mujer que tiene pareja, redes de apoyo y solvencia económica posiblemente no dimensione esta realidad que ahora explota como un fenómeno que se debe abordar desde muchas aristas. Un número creciente de mujeres chilenas no están dispuestas a asumir la maternidad en soledad. Existe una especie de paro o protesta maternal en consecuencia a la realidad de nuestro país. No es egoísmo. Esto está relacionado a que las mujeres quieren brindar una crianza sin carencias económicas ni afectivas, las condiciones no están dadas. Ser madre se transformó en una decisión política y económica.

¿Se podrá revertir esto? Creo que no. La maternidad, más que nunca, será un deseo o no será.

 

 * "Chile, país de huachos" idea conocida en la historiografía chilena por Gabriel Salazar, Sonia Montecino, entre otros. 


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